El sueño que se hizo equipo: la escuela de fútbol inclusivo de la UE L’Alcúdia

La jornada de puertas abiertas con la que inició sus actividades la escuela de fútbol inclusivo de la UE L’Alcúdia nos desveló una historia de amistad y un sueño cumplido. Y es que en esa jornada se volvieron a reunir dos viejos amigos: Andrea Sanchis, responsable de nuestra Unidad de Apoyo y Rubén “El Primo”, incansable utilero del club. A continuación, te contamos su historia.

La escuela de fútbol inclusivo de la UE L’Alcúdia es un proyecto impulsado por el Grupo Improving Logistics, en el que se integra World Class. Tiene el objetivo de trabajar por un deporte sin barreras y durante este otoño está comenzando a dar los primeros pasos.

El evento inicial, celebrado hace pocos días, fue una jornada de puertas abiertas a la que asistió nuestra compañera Andrea Sanchis, de la Unidad de Apoyo de World Class. Ella sentía curiosidad por conocer el funcionamiento de la escuela, pero sobre todo quería acompañar a Rubén en un día que él llevaba mucho tiempo esperando: que el club de sus amores futboleros contara con un equipo para personas con discapacidad.

Una historia de inclusión real

Rubén comenzó asistiendo a los partidos de este club como un aficionado más y su entusiasmo y su carácter lo convirtieron en parte de la familia de la UE L’Alcúdia. Con el tiempo, y después de trabajar en un Centro Especial de Empleo (donde conoció a nuestra experta), se integró en el club como empleado. Cambió las gradas por el vestuario y hoy es el encargado del equipamiento deportivo y del material técnico, un apoyo indispensable para entrenadores y jugadores.

Su compromiso es total. Él revisa los balones, ordena las equipaciones y da todo el apoyo material que necesita cada equipo.

Su historia personal resume la esencia de lo que significa inclusión real: la oportunidad de aportar, crecer y transformar desde el lugar que cada uno ocupa.

Una escuela para jugar, competir y crecer sin barreras

Rubén siempre tuvo una ilusión especial: crear un conjunto inclusivo dentro del club en el que trabaja. Y ese sueño es ya una realidad. Porque ya está en marcha la Escuela de Fútbol Inclusivo de la UE L’Alcúdia, que cuenta con el apoyo del Grupo Improving Logistics.

El día en que se presentaba la escuela, se reencontraron Rubén y su antigua compañera. Ella lo relata así: “Conocí a Rubén en 2017, cuando trabajaba en otro CEE. Desde entonces no hemos perdido el contacto. Y ahora, verlo tan emocionado con el inicio del proyecto ha supuesto un momento muy especial”.

La escuela que impulsa el Grupo Improving Logistics es posible gracias al esfuerzo que realizan nuestros Centros Especiales de Empleo que, con su trabajo, contribuyen enormemente a que podamos destinar una parte de nuestros ingresos al apoyo y el crecimiento de este tipo de proyectos.

La escuela nace con un propósito claro: romper barreras en el deporte y formar en valores a través del fútbol. Su programa se apoya en una agrupación deportiva con una base sólida y ha logrado unir a especialistas en deporte y en discapacidad para ofrecer una atención individualizada a los y las participantes. Y, de paso, ha convertido en realidad el sueño de Rubén.

¿Se puede medir el impacto de los CEE? Sí, y las conclusiones son rotundas

Es fácil entender de manera intuitiva que los Centros Especiales de Empleo (CEE) generan valor social y económico. Pero para mejorar cualquier cosa hay que medirla. También nuestros centros. Y, al hacerlo, diversos estudios han demostrado que, incluso usando diversas metodologías de medición, el resultado siempre es claro: cada euro invertido se transforma en beneficios tangibles. Beneficios para las personas trabajadoras, sus familias, las empresas y la sociedad en su conjunto.

Para evaluar y mejorar la actividad de un Centro Especial de Empleo es necesario medir sus resultados. La literatura científica ha ido proponiendo diferentes fórmulas de evaluación y, con el paso del tiempo, se han fijado dos enfoques distintos.

Dos enfoques para medir el impacto de los CEE

El primer modo de medir es el llamado SROI (Social Return on Investment), que mide el retorno social directo para los principales beneficiarios: las personas con discapacidad, sus familias y las administraciones públicas. Este método aplica contrafactuales, o sea, se pregunta qué habría ocurrido sin la existencia del CEE y evalúa de ese modo la eficacia de las políticas de inserción laboral.

Otra vía es el Valor Social Integrado (VSI), que ofrece una visión más amplia. Considera tanto los resultados inmediatos como el valor generado en la actividad mercantil y social. Incluye a todos los grupos de interés y cuantifica cómo se comparte ese valor entre empleados, clientes, proveedores y la sociedad.

Una inversión que siempre suma

Como cada enfoque aporta matices diferentes, la investigadora Silvia Ayuso Siart realizó recientemente una comparativa en un artículo científico (lo puedes ver aquí). Y, a pesar de las diferencias encontradas, su conclusión es que, se mida como se mida, los CEE son una inversión que merece la pena.

El SROI aporta argumentos sólidos para las políticas públicas, demostrando que apostar por la inclusión genera retornos positivos. El VSI, por su parte, confirma que la gestión empresarial de los CEE crea valor sostenible para todas las partes implicadas o stakeholders.

Los resultados de la investigadora muestran que el valor generado siempre es muy superior a la inversión inicial, lo que significa que el dinero destinado a impulsar los CEE se multiplica en beneficios económicos y sociales. Es un círculo virtuoso en el que cada actor —desde las personas empleadas hasta las empresas colaboradoras— obtiene ventajas reales.

La conclusión es evidente: los Centros Especiales de Empleo son un modelo de impacto positivo. Así que apostar por ellos es impulsar un futuro en el que competitividad e inclusión avanzan de la mano. ¿Te sumas?